Casi 4.000 trabajadores de la planta de JBS USA en Greeley, Colorado —la procesadora de carne más grande del país— han confirmado que iniciarán una huelga masiva este 16 de marzo.
La protesta no solo amenaza con disparar el precio de la carne (que ya subió un 15% el último año), sino que pone bajo la lupa los estrechos vínculos entre la multinacional brasileña y la administración de Donald Trump.
El conflicto en cifras: 99% a favor de la huelga
Tras nueve meses de negociaciones fallidas, la unión UFCW Local 7 anunció que el apoyo al paro es prácticamente total. Los trabajadores denuncian condiciones que califican de "explotación moderna":
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Salarios vs. Inflación: JBS propuso aumentos anuales inferiores al 2%, mientras los costos de vida en Colorado se han disparado.
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Diversidad y vulnerabilidad: En la planta se hablan 57 idiomas; muchos empleados son refugiados e inmigrantes que, según el sindicato, son presionados por su condición legal.
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Cobros abusivos: Se acusa a la empresa de descontar del salario el equipo de protección personal, con costos de hasta $1,100 USD por empleado.
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Bonanza empresarial: Mientras los trabajadores sufren, JBS Beef North America reportó ingresos récord de $7,200 millones de dólares en el tercer trimestre de 2025.
“Muchas familias apenas pueden adquirir la carne que procesan a diario”, sentenció Kim Cordova, presidenta de UFCW Local 7.
Escándalos y discriminación
La planta de Greeley no es ajena a la controversia legal. Actualmente, JBS enfrenta acusaciones graves que han caldeado los ánimos:
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Trabajo infantil: La empresa pagó recientemente una multa de $4 millones de dólares para resolver un caso de menores empleados por firmas de limpieza tercerizadas en sus instalaciones.
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Discriminación: Una demanda activa acusa a la firma de engañar a trabajadores haitianos y obligarlos a operar líneas de producción a velocidades peligrosas, superiores a las de otros grupos.
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Robo de salarios: El sindicato sostiene que existen prácticas sistemáticas para omitir pagos de horas extra y bonos prometidos.
El factor político: el vínculo con Trump
La huelga ocurre en un momento de alta tensión política. JBS tiene una relación documentada con el actual gobierno: su filial, Pilgrim’s Pride, fue el mayor donante individual del comité inaugural de Trump y J.D. Vance con una aportación de $5 millones de dólares.
Cordova sugiere que esta cercanía ha "envalentonado" a la empresa para endurecer su postura contra los sindicatos y apoyar propuestas de la administración para aumentar la velocidad de las líneas de producción, una medida que el gobierno justifica para bajar costos, pero que los trabajadores ven como una sentencia de muerte para su seguridad física.
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