En un acto sin precedentes que refleja la angustia de la comunidad migrante, el sacerdote salvadoreño Vidal Rivas asumió la tutela legal de reserva de 26 niños estadounidenses.
La decisión, tomada por padres que enfrentan la amenaza inminente de deportación por parte del ICE, busca evitar que sus hijos terminen en el sistema de acogida estatal en caso de ser separados.
Desde la Iglesia Episcopal de San Mateo en Hyattsville, Maryland, el párroco se convierte en el guardián legal de una generación atrapada entre el amor a sus padres y su identidad como ciudadanos de EE. UU.
La tutela de reserva: un escudo legal de seis meses
La medida no implica una entrega inmediata de los menores, sino un plan de emergencia jurídica.
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Activación: La custodia solo entra en vigor si los padres son arrestados o deportados.
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Vigencia: Tiene una validez legal de seis meses, tiempo durante el cual el padre Rivas tiene la autoridad para cuidar a los niños, llevarlos a su país de origen si así lo desean los padres, o solicitar una extensión ante las cortes.
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Responsabilidad: "No es nada fácil ser un tutor y tener una grandísima responsabilidad", confesó Rivas, quien lleva 20 años liderando esta comunidad y ya ha convertido su parroquia en refugio anteriormente (albergando a más de 200 venezolanos en el pasado).
El drama detrás del papel: "Yo te amo, mamá, pero no quiero irme"
Para las familias, firmar estos documentos es un proceso desgarrador. Una madre salvadoreña con dos décadas en el país relató a CNN la dolorosa conversación con su hijo de nueve años.
Ante la posibilidad de una expulsión, el menor fue tajante: ama a su madre, pero su vida y su futuro están en suelo estadounidense.
El impacto en la vida diaria:
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Parálisis social: Muchas familias han dejado de asistir a misa, eventos escolares y empleos por miedo a las redadas.
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Aislamiento: El padre Rivas describe el escenario actual como "caótico y doloroso", donde el miedo al ICE ha transformado las rutinas más simples en riesgos mortales para la unidad familiar.
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Renuncia al "Sueño Americano": Para algunos, la presión es tal que el regreso voluntario a Centroamérica empieza a verse como la única forma de recuperar la paz, bajo la premisa de que "aquí ya no es vida".
La Iglesia como refugio físico y legal
El padre Rivas, quien también es inmigrante, ha adecuado sectores de su parroquia para albergar a los menores si la emergencia se materializa.
Su mensaje es una apelación directa a la humanidad en medio de las políticas de control: "El amor no hace daño, el amor no destruye".
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