La llegada de la primavera no solo trae un cambio de armario, sino también una renovación en las tendencias de maquillaje que buscan resaltar la frescura natural. Entre todos los productos del neceser, el colorete se posiciona como la herramienta más potente para conseguir ese anhelado "efecto buena cara" de manera inmediata.
Sin embargo, este aliado cosmético es un arma de doble filo: una aplicación estratégica puede iluminar el rostro, mientras que un error en su ubicación o cantidad puede transformar por completo la expresión de una persona.
En el mundo del estilismo profesional, se recalca que el maquillaje no debe ser una máscara, sino un potenciador de la estructura ósea. La clave no reside únicamente en elegir el tono adecuado según el tipo de piel, sino en entender la fisionomía personal para decidir el punto exacto donde depositar el color.
Un gesto tan simple como desplazar la brocha unos centímetros puede marcar la diferencia entre un acabado vital y uno que endurezca las facciones innecesariamente.
Acabado perfecto y natural
Según explica Goyo Acevedo, Makeup Ambassador de Clinique, el error más recurrente es no aplicar el producto en la zona correspondiente al tipo de rostro. El experto advierte que colocar el rubor demasiado bajo o muy cerca del centro de la cara puede "endurecer o entristecer las facciones". Para evitarlo, recomienda situarlo en la parte alta del pómulo si se busca un efecto lifting que estilice, o en la "manzana" de las mejillas para un aspecto más juvenil.
Otro punto crítico es la saturación. El llamado "efecto muñeca" surge al aplicar demasiada cantidad, lo que resulta en un acabado artificial. Acevedo aconseja construir el color poco a poco y, sobre todo, difuminar correctamente. Un producto mal integrado se percibe como una mancha que acentúa las líneas de expresión, restando armonía al conjunto.
Finalmente, la elección de la textura es vital según la edad. Para pieles a partir de los 40 años, el profesional recomienda fórmulas cremosas, ya que aportan un acabado jugoso y son más fáciles de modular. En cuanto al orden, la regla de oro es clara: primero las texturas en crema y luego el polvo para sellar. Siguiendo estos consejos de medida, tono y difuminado, el colorete se convierte en el mejor aliado para lucir un rostro fresco y radiante.
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