La amenaza sonora: cómo el ruido excesivo compromete nuestra salud auditiva

El ruido extremo puede producir trauma acústico o pérdida auditiva               

Sabado, 31 de enero de 2026 a las 09:00 pm
La amenaza sonora: cómo el ruido excesivo compromete nuestra salud auditiva
Foto: Freepik

En la actualidad, nos enfrentamos a un entorno cada vez más ruidoso que pone en riesgo uno de nuestros sentidos más valiosos: el oído. Especialistas en salud auditiva advierten sobre el incremento de patologías en el nervio auditivo, una tendencia que preocupa especialmente por su alta incidencia en la población joven y adolescente. La exposición constante a niveles de ruido elevados no es solo una molestia ambiental, sino una causa directa de lesiones físicas graves que pueden cambiar la vida de una persona para siempre.

 

La contaminación acústica, alimentada por sonidos de gran intensidad, repetitivos y de larga duración, tiene efectos devastadores tanto en el ecosistema como en la fisiología humana. Según la experta Virginia Petoia, es fundamental promover la "higiene acústica" como una herramienta preventiva. Estas medidas son vitales para frenar problemas de audición que, aunque pueden surgir a edades muy tempranas, tienen el potencial de volverse crónicos e irreversibles si no se atienden a tiempo.

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No te excedas con los auriculares

Uno de los mayores focos de preocupación es el uso inadecuado de auriculares. El hábito de escuchar música o contenido multimedia a volúmenes desproporcionados está deteriorando de forma progresiva las estructuras internas del oído de las nuevas generaciones. Este tipo de daño no discrimina edades; puede afectar desde niños hasta adultos mayores, manifestándose de forma repentina tras un estallido sonoro o desarrollándose lentamente debido a la exposición prolongada.

 

Para entender el peligro, es necesario hablar de decibeles (dbs). Mientras que los sonidos por debajo de los 70 dBs raramente causan daño, la exposición extendida a niveles superiores a los 85dBs es un factor de riesgo crítico para la pérdida auditiva.

 

La Organización Mundial de la Salud sugiere mantener un límite de 65 dBs para proteger nuestra capacidad de escucha. Para ponerlo en perspectiva, una charla cotidiana se sitúa entre 60 y 70 dBs, pero actividades comunes como ir al cine (74 a 104 dBs) o escuchar música con audífonos al máximo (94 a 110 dBs) superan con creces los márgenes de seguridad.

 

Estas prácticas pueden derivar en traumas acústicos o la aparición del molesto tinnitus o acúfeno. Este síntoma, descrito como un zumbido persistente, es la señal de alerta de una lesión en el nervio auditivo. La educación y la concienciación son nuestras mejores defensas para preservar el silencio y la salud de nuestros oídos.

 

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