El tabaquismo es la adicción al consumo de tabaco, principalmente a través de cigarrillos, debido a la nicotina, una sustancia altamente adictiva. Según estudios, este hábito no solo afecta la salud individual, sino que también genera un impacto significativo en la sociedad.
A nivel sanitario, el tabaquismo es una de las principales causas de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cáncer, lo que aumenta la carga en los sistemas de salud pública. Además, el humo de segunda mano perjudica a no fumadores, incluyendo niños y embarazadas, elevando el riesgo de enfermedades.
Económicamente, los costos asociados al tratamiento de enfermedades relacionadas con el tabaco y la pérdida de productividad laboral afectan a gobiernos y empresas a nivel mundial. Socialmente, el tabaquismo fomenta desigualdades en salud, pues suele ser más prevalente en grupos vulnerables. Por ello, muchos países han implementado políticas restrictivas para reducir su consumo y proteger la salud pública.
Controlar en tabaquismo
La educación temprana sobre los riesgos del tabaquismo ayuda a tomar decisiones informadas y son determinantes para evitar la dependencia a la nicotina. Si sientes curiosidad o presión social, busca alternativas saludables, como practicar deportes o realizar actividades recreativas.
El manejo del estrés es clave, ya que muchas personas recurren al tabaco para relajarse. Técnicas como la meditación, el ejercicio y la respiración profunda pueden ser eficaces. Además, mantener una red de apoyo con familiares y amigos ayuda a resistir la tentación.
Según un artículo publicado en La Vanguardia, dejar de fumar afectará directamente sobre tu salud. Durante las primeras 48 horas, la presión arterial y el pulso se estabilizan, el riesgo de infarto disminuye y los sentidos del olfato y del gusto se recuperan. En pocas semanas, la capacidad pulmonar y la salud cardiovascular mejoran significativamente, y a los cinco años sin tabaco, la mortalidad puede reducirse a la mitad.
Fumadores
Si ya has probado la nicotina, evita la exposición continua y busca ayuda profesional si sientes dificultad para dejarla. Existen terapias y programas de apoyo que pueden facilitar el proceso. La clave es la prevención y la adopción de hábitos saludables desde el principio.
Cuando aparecen las ganas de fumar, es clave mantener la mente ocupada y el cuerpo activo para reducir la ansiedad. Una buena opción es realizar ejercicio, como salir a caminar, correr o hacer estiramientos, ya que ayuda a liberar endorfinas y disminuir el estrés.
También puedes sustituir los momentos de fumar por acciones sencillas del día a día como tomar agua con un pitillo, masticar chicle sin azúcar o mantener las manos ocupadas jugando con una pelota antiestrés, escribir o dibujar.
Por otro lado, distraerte con actividades que disfrutes, como escuchar música, ver una serie o leer un libro, te ayudará a superar el impulso. Lo más importante es recordar que las ganas de fumar son temporales y, con el tiempo, serán cada vez menos intensas.
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